martes, abril 18, 2006

Anoche

Anoche te toqué,
No sé como llegaste aquí.
Me sorprendió verte.
Me sorprendió verte, frágil, en mi ducha,
Y de ojos deslumbrantes en mi espejo.
Me sorprendió besar tus labios,
Beber de ellos, y tú de los míos.
¿Quién eres?
¿Quién eres? Tú quien interrumpe mi sueño.
Tu, estupido, tú.
Tu, inútil, del cual no dejo de pensar.
Tú, torpe, solo tú,
Quien me hizo el amor.
Tú, torpe, quien se fue de aquí;
Y entre mareas, me dejó.
Anoche te pensé,
Y fue por un momento sutil,
Breve, espontáneo, inesperado.
Apoderándote de m mente,
Y pensamientos, como si no existiera más.
Bajo mis nubes te escondías,
Bajo mi ropa, y los calcetines que por ahí,
Han de rodar.
Encontré tu boca despedazada,
Una noche triste de ayer.
Tropecé con tus brazos,
Los que fueron arrancados de mí.
Me tropecé con el pensamiento,
Y el recuerdo…con el deseo de verte,
Y la imposibilidad, para no querer pensarte jamás.
Me perdí en el tiempo,
Al mirar tus ojos. Me odié por un momento,
Al perderte otra vez.
Mi techo era tu cuerpo,
Mi almohada….tu pecho.
Eran tus ojos, mis ojos;
Tu piel, mi aroma ambiental.
Tu pelo, mi toalla;
Y tus brazos…mis sabanas.
Eran tus pies, calcetines;
Tus labios un sabor exquisito.
¿Quién eres?
Envolviéndome en tu piel,
La mía cambio de color.
Enmarañaste mi pelo entre tus dedos,
Y tu mi techo, mi cielo;
Detrás de las nubes, de las puertas,
Rodeados de mil ventanas,
Y fuiste solo para mí.
Una vez, fueron dos veces.
Pasó una hora, y fueron dos.
Cuando mis piernas temblaban de ardor,
Cuando tus manos viajaban…
Bajo mi camisa, las encontré.
Me prohibías hablar,
Cuando jugabas con mi lengua.
Me prohibías hablar,
Cuando me excitabas, y me invitabas;
Cuando me besabas, y me mordías.
Cuando a ti me abrazaba,
Y tuya me hacías.
Deshacías mi camisa,
Deshilachada al piso cayó.
Rodamos del colchón, a este piso frío.
Con los dientes, deshice tu correa.
Me besaste otra vez,
No se si por impedir que siguiera enloqueciéndome,
O por hacerme esperar (tortura).
Y saboreabas mis labios.
¿A qué saben? me preguntaba.
Conozco los tuyos,
Que van de fresa a frambuesa,
De pera a manzana.
Quede silenciada de un beso.
Fueron dos, y van tres.
Cuatro, ya perdí la cuenta.
Mis manos frías abrazaban tu cuello,
Bajaron a tu espalda,
Conociendo tu escápula,
Una mano atada a cada una.
Tu piel se erizaba,
Mordí tu labio inferior.
Los botones de tu camisa,
Los perdí. J’ai te perdu.
Humedeciste mi cuello.
Mi cuello, y mi piel,
Y mis deseos de seguir bebiéndote de tus labios,
De seguir rozándolos,
Y sentirlos rozar mi piel.
Perdí mis pantalones,
Y ya no recuerdo.
¿Cómo llegué a ver el cielo?
A tu cuello se amarró mi boca;
Escondías tu rostro,
Cansado; y la cabeza en las nubes.
El colchón me sobró,
Mientras dormía atada a tu piel.
Se fue la noche, y amaneció.
Desperté a tu lado,
Cubierta en tu olor.
De la noche anterior,
Absolutamente nada recordaba.

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