He perdido tantas cosas
con el pasar de este tiempo, el tiempo que ha
ido rodando en todas las formas, menos la debida.
He perdido un botón que olvidé entre tus manos,
¿adónde lo habrás tirado?, y ¿por qué lo habré dejado?
No creo tener respuestas a esas preguntas
imposibles de contestar. Se ha quedado el botón
entre tus dedos, como si lo fueses a usar para cocer,
como si se lo fueras a emprender a tu camisa,
o a tu pantalón.
He olvidado mi reloj en la mesita de tu corazón,
y ahora no puedo contar los días, mucho menos las horas.
He perdido noción del tiempo, o el tiempo ha
perdido noción de mi. Ya no me escucha, y no
le escucho, aunque nos gritemos sordamente
el uno al otro. Aquí nada se escucha,
nada se ve, ni se siente.
Dejaste perdidos tus dedos sobre mi piel,
y se habrán evaporado o desgarrado, tras
el agua abatirlos entre células que ya no
serán más. Siento un cosquilleo terrible,
que no tengo a quién más culpar, sino a tus huellas.
Es obvio que tus rastros todavía
estén presente en todas partes.
He abandonado mi boca, y se ha quedado
parlanchina, aunque silente -- de un lado a
otro componiendo canciones de tu partida.
Me tiene hastiada hablando de lo mismo,
y si pudiera encontrarla ya la hubiese
callado de una. Es un constante cotilleo,
que me trae rodeada de insomnio.
Ya no te escucho susurrarme al oído,
otro que también se ha perdido, y se ha quedado sordo.
Me han contado que lo vieron entre los pasillos
de tu duda; pero irónicamente creo que ahí esté.
Dormido se habrá quedado en un callejón, y esperando
pacientemente ha de estar porque su par le vaya
a halar de las orejas.
Ya nada importa, todo pasa, todo cesa,
todo vuelve a su sitio;
con o sin nuestra intervención.
Es por eso que no me preocupo,
en ir a devolverte tus huellas, ni en ir a buscar
mis labios. Ya no me preocupa que pase o no pase
el tiempo, si como quiera no vas a estar.
Entonces, que diferencia hace que hoy sea
17 de Marzo como sea 20 de Septiembre;
sera simplemente otro día sin esto, y sin aquello,
pero sobre todo sin ti.
Lo que me falta no es un par de oídos,
no es mi boca,
no son mis ojos que detrás de tu silueta salieron por ahí
a correr en la oscuridad. Eres tú,
en partes o al entero; como piezas de un rompecabezas --
y siempre y cuando todas esas piezas estén ahí,
yo sabre unirlas a cada par, y encima de cuales
colocarlas. Lo que te falta no es que tengas tu tacto,
es tener una superficie bajo el mismo.
¿De que valen un par de manos, que moldearán
nada, solo el aire. Y de igual forma, de que vale
tu corazón, si nunca se acelerará, ni dará saltos,
ni se hundirá en desilusión -- solo te servirá
para latir, sin emoción alguna. Sin remordimientos.
Como tener un par de ojos de los que nunca lágrimas
brotarán.
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