No me mires a los ojos. Son sólo dos faroles agapados,
Mezclados en la neblina de este mustio día.
Envueltos en caratas, como ha quedado el árbol
Frente a mi habitación; alborotado y deshojado.
Dos faroles nublados, como la lluvia al fin ha nublado mi ventana.
No hay neblina, ni nubes perdidas, ni deseos encerrados,
Empañados vidrios y pensamientos enjaulados.
Aquí, bajo mis dos faroles nublados solo quedan tus ojos.
La puerta a tu alma, la entrada de luz que
Ahora te desnuda, sin pedirte permiso.
Está invadiendo tu espacio, y tú sin darte cuenta.
Distraído, mordiendo mis labios
Te has perdido en la habitación.
Colgando de mis cortinas, dependiendo de mi sabor,
Enterrandote en mi cuerpo, envenenado por mi mirada.
Distraido, como si no te importara,
Y no prestas atención.
Mis dos faroles nublados, se pierden en los tuyos.
Facilmente perdiendo su centro, y sin poder definir
La densidad de lo que nos rodea. Mis faroles apagados te besan,
Te empapan, rogándote entrega, uniendose a tus brazos,
Y en tí desatando las mil y un cadenas de tu distracción,
Pero no te das cuenta. Ignoras el hecho de que el sol
Se de cuenta de que hoy amaneciste en mi cama. Y no le temes
A que pueda ir a contarle a la luna dos o tres cosas de vos.
No importa que te vea el sol en mi cama, amarrado a mis brazos,
Consumiendo mi simple azúcar, porque no importa el resto.
El resto al igual que todo lo demas son hechos apagados.
Ideas con pocos detalles, y pocas especificaciones.
Son sólo fragmentos sin poder formar oraciones que hagan
El más mínimo sentido. Mis faroles apagados siempre me han servido,
Para espiarte cuando duermes, y contar tus lunares sin que te
Des cuenta; en esos momentos en los que andas en el espacio,
E ignorando todos los detalles.
Que estan más allá de las hojas que ahora en el suelo
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