martes, abril 11, 2006

[Noviembre 01]

       Se escaparon de mi mil sueños,
y en mi mil veces desatado tu nombre;
tomo riendas sueltas.
Tu nombre se esparció en mi piel,
en mis venas, en mis ganas...
de tan solo escucharte, y era timbre a mi cuerpo
una sensación que iba creciendo, que mi piel al rozarte
escapa mil gritos, y un deseo incontrolable que se escapa
por mis poros, y quiere manifestarse en tu boca.
Me encerré en tus ojos, mientras leía al azar.
Mientras pensaba en tu boca, de pintar su reflejo en la madera
de esta salida al mundo exterior. Y pensar que de momento
entrarías por mi puerta, y desnudarias mi ser.
Por mil y una noches, te he esperado, y he llenado
mi almohada de lágrimas desesperadas.
Llegaste sumergido en gotas de lluvia.
¿Que he de decirte si se te da por preguntar?
como he de responderte, si quedo muda ante mil emociones.
       Abro mis ojos, entre la penumbra de esta habitación,
y el sudor que quisiera colarse en el techo.
Te veo en mi puerta, no llevas camisa;
tus manos parecen sostener el marco de esta salida.
Cubierto tus pies, desnudas tus manos, tus labios
llamando a mi piel. Cubro mi piel con mis sabanas,
la cual se eriza de pensar en tu mirada.
Me abrazo a mi almohada, quizás pretendiendo
cubrir mi erección, la cual se muestra en mil figuras,
y no en un concepto uniforme.
       Das un paso, y fue para morir.
Un paso que cubra el piso, y es un paso formulando un latido.
Tomas toda una eternidad, mientras yo cierro los ojos,
engañando a mis ganas, engañándome a creer
que realmente no quiero sentir tu piel contra la mía.
Tomas mi mano izquierda, mientras mi cuerpo tumbado,
mi espalda contra mis sabanas, mi boca cubriendo la atmósfera.
       Esta vez, te hincaste a mitad de mi cama,
y tomado a mi mano, me halas a ti. No me niego sigo tus pasos;
siguen mis ojos cerrados, tus brazos rodean mi cintura,
sueltas un beso a mi cuello, alzo mis manos a entretenerlas
en tu cabello. Me abrazo a ti, tu mano derecha, tibia, precisa
explora mi espalda, como si tus dedos escalaran montanas a la vez.
Tu índice, sube y baja, baja y sube...
fijabas tu mirada en mi rostro en penumbra.
¿Y como he de saberlo? tu mirada me desnudaba,
me erizaba tu roce, me excitaban tus dedos, me mojaba tu boca.
Cubro tus ojos, desabrochas mi camisa,
dejas tus huellas en mis hombros, semi-desnudos.
Cubres mis senos con tus manos, quizás has exagerado,
una milésima parte de ellos queda descubierta.
       Con rodear tu pecho en mis manos,
con besarte el cuello...me sumergí en un beso,
y fui débil. Después de sentir como tu boca desquiciaba
mi estabilidad. Te inclinabas hacia mí, caíamos en la cama.
No me harte de tus besos, ni de tus manos al viajar en mi,
no me harte de besarte, ni de fugarme en tus ojos.
       Y con fugarme en tus ojos, me perdí en tu mirada...
y al abrir los ojos, y volverlos a cerrar solo con encontrarme
con el recuerdo de tu sonrisa, y el brillo en tus ojos.
Me besabas sonriente, me mordías,
y me abrazabas como si fuese un osito de peluche.
Te rendiste a mi lado, y aunque fijaba mi mirada
en esta lámpara externa llamada luna.
Aunque mi espalda cubría tu rostro,
te levantaste de la cama...
voltee a mirarte, volteaste a mirarme, y ya no sonreías.
Rompí a llorar, me tomaste entre tus brazos,
secabas mis lágrimas con tu boca,
levantabas mi cabeza, pero no hacia más que hundirla en tu cuello.
       Cantaste para mí, despejaste las nubes negras de mi noche,
me envolví en otro beso. Te ibas,
tome tu mano derecha, mientras me dabas la espalda,
te ruego en un pulso en tus manos, a que te quedes.
Sobraron palabras, ideas, conceptos.
       Sentado en la cama, me abrazo a ti.
Mi pecho en tu espalda, mi mano izquierda, sigue
cubriendo tu derecha... Juego con tu oreja, tratando de pintarte
una sonrisa, no te niegas, como lo haría yo.
Me abrazo a ti, y esta vez en lazo mis brazos por tu cintura,
y tus hombros. Volteas a mirarme, rozas mi mejilla, quizás
se escapo tu lengua de línea. Te susurro algo al oído,
sonríes; me abrazas, y sigues decidido a irte.
Te susurro algo al oído, pareces aceptar, me dices que si
con mover tu cabeza, y tus ojos.
       Vuelvo a cubrirme bajo mis sabanas.
Desabrochas la correa que se ata a tu pantalón;
tu pecho descubierto se ha escondido en una camisa azul.
Quedan tus muñecas postradas a mis caderas;
el calor que se desato por ambos sexos,
no fue nada comparado con el amor que a mis labios le hiciste.

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